Friday, May 2, 2025

24/3

 Nunca una persona puede desaparecer.

Nunca se puede destruir la industria nacional.

Nunca se debe censurar o exiliar artistas.

Nunca la violencia se responde con más violencia.

Nunca un Estado que representa al país puede atentar contra sus ciudadanos.

Nunca se debe obedecer a un país extranjero en perjuicio de la propia patria.

Nunca se puede justificar o relativizar el terrorismo de Estado.

Nunca debió haber pasado. Pero pasó.

Por eso, lo que podemos decir es: que no pase Nunca Más.


Cuento a partir del sueño

Todavía estaba aprendiendo a utilizar esa gran máquina. Siempre que podía ver a alguien en ejercicio, miraba atentamente para entender sus movimientos e implementarlos. Ese día yo estaba en el auto de la autoescuela y con el profesor que tuve siempre, pero no estábamos haciendo el recorrido típico. Solíamos ir por Boedo, y ese día estábamos en Avenida Castañares, cerca de los límites entre Flores y Villa Soldati. Supongo que ese fue el primer indicio de que algo no estaba bien. 
En una curva, hubo algo que tampoco estuvo bien. Creo que no puso el guiño. Se lo marqué. Y ahí fue cuando explotó. Giró su cabeza hacia mí e inclinó su cuerpo, aunque menos de lo que yo sentía. Pero en su expresión facial se hacía notar la violencia. Me gritaba, enfurecido. No sé qué. No lo pude escuchar, estaba mirando sus ojos. Esos ojos que no eran de él. No era mi profesor de autoescuela. Yo sabía quién era, y a la vez no. Esos ojos ya los había visto. Pero, ¿cuándo? No sé cuánto tiempo fue en realidad; yo lo sentí como un instante eterno en el que me sumergí en todos los recuerdos de mi vida. Mientras me gritaba y movía la cabeza (porque las manos seguían al volante), yo veía sus ojos y recordaba mi vida. Intentaba ir por cada momento grabado en mi memoria, y revisar si esos ojos pertenecían a ese recuerdo. Pero nada. No supe de dónde venía. ¿Acaso era un momento de mis primeros años de vida, donde no recuerdo la situación pero sí el sentimiento?
No fue un escalofrío lo que recorrió mi cuerpo; directamente quedé congelado. Ni un solo movimiento, solo la vista fija en esos ojos enfurecidos que me transportaban a vaya saber dónde. El momento de tensión y enojo pasó, para el chofer. Yo no sé bien cuánto duró, ni qué pasó después. Creo que pude seguir mi vida más o menos normalmente, aunque sólo pensaba en averiguar de dónde venían esos ojos que me angustiaron. Pero la vida siguió. Creo que ese día no manejé. Por suerte aprendo rápido.

Autobiografía

Mis primeros recuerdos son con aproximadamente 4 o 5 años. Siempre hacía lo mismo: agarraba la computadora de mis padres, abría YouTube, y reproducía “Arde la Ciudad” y “Calavera” de La Mancha de Rolando. Siempre esas canciones, siempre en ese orden, siempre el video oficial. Fueron las primeras que me mostró mi papá, al menos que recuerde. Las siguientes, poco tiempo después, fueron varias de León Gieco. Hoy solamente recuerdo una llamada “Hoy Bailaré”. La primera canción que recuerdo acordarme de memoria fue Wavin Flag, la canción del mundial 2010. También aprendí “Se Me Ha Perdido Un Corazón” de Gilda y “Por Qué Te Vas” de Jeanette, aunque con la letra de la hinchada de San Lorenzo, que una alumna de mi papá la transcribió y me la regaló. 
Toda la música que escuchaba en ese tiempo me llegaba a través de mis viejos. La primera vez que llegué a una canción que me guste por iniciativa propia fue en 2014. Ese año estaba de moda una canción llamada “Adrenalina”. Un reggaeton. Esa canción me hizo entrar en el mundo del reggaeton, aunque las letras no fueran para un niño de 10 años. Mi padre me regaló un pendrive, y a través del Ares le fui agregando temas. El pendrive lo usaba en el auto o en una grabadora que me regalaron también. En el 2015, me compré el (hasta ahora) único CD que tuve, del disco “Los Vaqueros: La Trilogía”, de Wisin, un reggaetonero puertorriqueño, autor también de Adrenalina.
Durante un tiempo, lo único que escuchaba era reggaeton. Hasta que eso cambió. A principios de 2017, un amigo me habló de una competencia de batallas de rap que se hacía en el Parque Rivadavia, en nuestro barrio. Otro hecho que cambió mi vida. Me metí en el mundo del Quinto Escalón y, posteriormente, de los raperos surgidos de ahí que empezaban su carrera musical haciendo trap, como Duki o YSY A. A pesar de que me gustaban las batallas de rap, no escuchaba rap propiamente dicho. Eso fue cambiando a partir de 2021, hasta destronar al trap como mi género más escuchado. En 2021 fui a mi primer concierto en el Luna Park, pero en 2023 fue cuando se me convirtió en un hábito. Desde allí pude conocer estadios como el de River, el de Ferro u Obras, y teatros como Niceto, Vorterix o Teatro Flores, entre muchos otros.
También ese año hice una apertura o un regreso a otros géneros, ampliando mi colección de Spotify. Así, por ejemplo, volví a escuchar mucho rock nacional o reggaeton viejo, como también empecé a consumir rap de Estados Unidos y de otros países hispanos. 


Secreto Familiar

Corría el año 2011. O recién arrancaba, mejor dicho. Era enero, segunda quincena de enero. Plena temporada. Como siempre, veraneamos en Neco...